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Entrevista a Carlos López Otín

Jorge López Fueyo y Samuel Ruibal Rosón entrevistan al investigador Carlos López Otín.

Otin

En la 4ª planta del edificio “Santiago Gascón”, de la Universidad de Oviedo, se encuentra el despacho de Carlos López Otín, de grandes ventanales por los que a duras penas entra la luz sorteando las montañas de papeles que cubren la estancia.

Carlos López Otín es humanidad: "Procuro vivir en armonía molecular conmigo mismo. Me gusta mucho proyectarme en los demás".

Carlos López Otín es sencillez, es humildad. La jerarquía se desvanece, dice él, como se desvanece su yo personal en un plural marcado por la palabra “grupo”: "unas 20 personas que de alguna manera dependen de mí… o yo de ellos. Esta silla no tiene dueño, y este despacho, tampoco. Solamente si continúo proporcionando ideas, revisando las de los demás, escribiendo artículos… merezco mi lugar. La puerta está siempre abierta para todos: cualquiera puede criticar una idea o a mí mismo; cualquiera tiene el derecho, y la obligación, de corregir y de criticar. Nuestro trabajo es una responsabilidad social, una obligación y un compromiso".

Resume su día a día en muy pocas, pero esenciales, palabras: "estudiar, trabajar, formarme y contribuir a que la vida sea un poco mejor".

Se inicia esta entrevista con el recuerdo de sus profesores, y especialmente Margarita Salas: "por primera vez en mi vida un profesor explicaba en clase lo que había hecho en el laboratorio. Y ella, en el laboratorio de Severo Ochoa, había contribuido a descifrar el código genético. Era una enseñanza viva y directa".

A continuación, repasa las tres líneas fundamentales de investigación desarrolladas en su grupo: los mecanismos de progresión del cáncer, los mecanismos de envejecimiento y el análisis de genomas, "que nos ha permitido estudiar la evolución humana y de otras especies, y también nos ha servido para acceder al estudio de los genomas del cáncer, que tal vez es ahora mismo el proyecto que nos ocupa más tiempo y más energía".

A ese grupo de investigación se incorporan los estudiantes que tienen las mejores notas, "pero cada dos o tres años incorporamos a una persona cuyo talento está en otro sitio. La mayoría de ellos pertenecen a la Universidad de Oviedo y se incorporan a una edad muy temprana, con 18 años, en 2º de carrera. Vienen por el verano y ven cuál es la atmósfera de la investigación, con sus aspectos muy brillantes pero también con sus grandes dificultades. Yo quiero que lo vivan para que luego no se desengañen. Esto no es un mundo idílico, es muy duro".

Respecto a la investigación sobre el cáncer, Carlos López Otín se manifestó de una forma muy clara: "No estamos cerca de hallar una cura para el cáncer ni lo estaremos nunca porque lo que llamamos cáncer es un conjunto muy complejo de enfermedades, más de 200 distintas, por lo menos. Es un proceso único en cada tumor de cada persona; por eso, se va a terapias individualizadas. La primera esperanza es curar el cáncer y, en más de la mitad de los casos, se cura. En otros, pretendemos que se puedan controlar. Desde ese punto de vista, el cáncer se convertiría en una enfermedad crónica. Pero el objetivo primero es curarlo y, si no, ralentizarlo".

Carlos López Otín consideró el descubrimiento de la colagenasa-3 como "uno de los que más satisfacciones nos ha dado porque está profundamente alterado en el cáncer, en la artritis en otras enfermedades. Intuimos que había un vacío de conocimientos en cuanto a mecanismos de progresión del cáncer mediados por un conjunto de proteínas (proteasas) y decidimos estudiar los tumores, no en líneas celulares sino extraídos directamente de los pacientes, desde el quirófano, qué alteraciones moleculares podía haber y, buscando por técnicas de biología molecular algo que estuviera profundamente alterado, encontramos la colagenasa 3".

Carlos López Otín recordó que la ciencia, "tal como me la enseñaron a mí, exigía un compromiso personal y pocas satisfacciones materiales. El esfuerzo es fundamental en cualquier aspecto de la vida. Aquí, el que más se esfuerza es el que más recompensa tiene: mejores hallazgos, mejores artículos".

"La sociedad actual está tan dirigida por la imagen que la vida discreta y retirada no es un valor extraordinario. Ni tampoco es atractivo pensar que ganas el mismo dinero trabajando 8 horas que 16, y que además es mucho menos de lo que puedes ganar en otros ámbitos. Pero hay satisfacciones que son incomparables. Severo Ocho hablaba de “la emoción de descubrir”. El ver por primera vez algo que nadie antes ha visto es extraordinario, algo al alcance de pocos. Es una sensación brillante: el progresar en el conocimiento".

"Estoy intentando impulsar que las nuevas generaciones vean reconocido, hasta económicamente, ese talento, científico o intelectual. Me gustaría que un estudiante que es el mejor en su carrera se incorpore a un puesto de trabajo y reciba un salario acorde a sus méritos, y que se le reconozca y recompense también económicamente. Ojalá que esto pase. Parece que en la sociedad actual lo que más vale es lo que más dinero mueve y me gustaría que los generadores de ideas también tengan acceso al mundo materialista. Así, se verán también recompensados en ese terreno".

Y, para concluir esta entrevista, Carlos López Otín dejó un mensaje al alumnado de Secundaria con inquietudes investigadoras: "La investigación es un mundo difícil que tiene grandes emociones, grandes dificultades. Pero merece la pena, es algo que merece la pena, sobre todo, la sensación de que estás haciendo algo por los demás basado además en el talento, en el estudio, en el esfuerzo, y no en el ocio o en otros valores".

 

 

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